La creatividad y resistencia de la juventud

La creatividad y resistencia de la juventud

”¡Epyta nderógape, ani haguã pe mbae vai oike nderehe ha nderogaiguare! ¡Eñangareko ndesyre, nde tuare, nde taitare ha nde jaryire!”, sostienen con firmeza y valor los jóvenes. La situación es difícil y ha cambiado la vida tanto de los jóvenes como de su comunidad. Pero la adversidad es fuente de firmeza y creatividad, y las y los jóvenes líderes de sus comunidades han encontrado caminos para salir adelante, resguardando las medidas sanitarias, gestionando herramientas para seguir las clases virtuales, fortaleciendo lazos con sus familias y pares y sumando su esfuerzo en la casa y la comunidad.

En esta nueva entrega de la serie #LeccionesAprendidas, relevamos sus experiencias, testimonios y análisis, alzando las voces de la juventud para mirar hacia adelante.

La juventud presente

Las niñas, niños, jóvenes y adolescentes son un motor clave de toda sociedad. Lejos de ser solamente el futuro, como muchos plantean, son con fuerza viva el presente, y en sus acciones y reflexiones dejan importantes lecciones para una sociedad que precia la vida y se proyecta con futuro y sostenibilidad.

La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y la Niña que ha cumplido 30 años el año pasado, ratificada por Paraguay mediante la Ley N° 57/90, consagró la Doctrina de la Protección Universal de las niñas y niños, y alzó como uno de sus principios fundamentales la participación protagónica, el derecho de las niñas, niños y adolescentes a involucrarse en las decisiones que los afecten, y ser parte de las mismas (ONU, 1989).

Más allá de la obligación de los gobiernos a garantizar que sus opiniones sean solicitadas y consideradas, las niñas, niños, jóvenes y adolescentes vienen ganando ese espacio a partir de la acción creativa, resistente y resiliente, que en este contexto de pandemia no fue una excepción.

Firmes y fuertes

La situación desatada por la emergencia sanitaria del COVID19 en el país tomó a los jóvenes -como a la sociedad toda- por sorpresa, pero lejos de paralizarlos, despertó en ellos la firmeza y la fuerza para sumar al desafío de cuidarnos entre todos y salir fortalecidos. “Es el momento de quedarnos en casa, compartir el tiempo en familia, aprovechar el tiempo para el estudio. Es la forma en la que podemos cuidarnos entre todos”, reflexionaban jóvenes del Proyecto Joven Adelante en un taller virtual al inicio de la cuarentena.

Evaluando la situación desatada a nivel país, los jóvenes plantearon desde un inicio que no podían quedarse indiferentes, y lanzaron mensajes a sus pares: “Mantengamos la calma, cuidémonos y seamos conscientes de que si respetamos las normas establecidas saldremos de ésta”; “Tomen conciencia de la gravedad de la situación y sigan las recomendaciones ya que sus decisiones, en caso de no enfermar, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de otras personas”.

Un cambio drástico

Sin embargo, no ha sido ni es fácil. La vida de todas y todos cambió, y, como ellos manifiestan, “ha sido un cambio drástico”. El aislamiento social, el cambio de rutina, las clases virtuales y la necesidad económica han sido los desafíos más fuertes. Varios jóvenes no han encontrado la forma de acceder a los recursos necesarios para las clases virtuales -principalmente teléfonos celulares y datos para conectividad- y se encuentran desertando el colegio. Otros han tenido que empezar a trabajar para colaborar en la economía familiar ante la crisis desatada. Pese a ello, destacan lo positivo de compartir más tiempo en familia y fortalecer los lazos.

“Mi vida cambió. No pensé que a esta edad iba a estar trabajando ya (…) pero a través de la cuarentena tuve que hacerlo.” “Los jóvenes de mi comunidad muchos están dejando el colegio porque no cuentan con un celular móvil o alguna facilidad para realizar las tareas, no salen de sus casas y cosas así”, nos comentan los jóvenes preocupados.

La misma problemática la viven sus familias y comunidades. La emergencia sanitaria “afectó a los jóvenes de mi comunidad en el caso del aislamiento y el cambio de rutina, fue lo que más afectó. A mi comunidad lo que más afectó fue el tema de la economía, del trabajo, algunos no estaban más trabajando y tenían que verse como conseguir el pan de cada día”, nos comenta Arturo, un referente de la Mesa Infantojuvenil de Limpio. Milagros, integrante asimismo de la Mesa, complementa detallando cómo la solidaridad y la organización de las ollas populares han permitido a las familias hacer frente a la situación.

Clases virtuales, “no sirven”

Todas las y los jóvenes se han empeñado en seguir las clases virtuales, contra viento y marea. El formato de la educación a distancia en la mayoría de las escuelas y colegios de las comunidades ha recaído en su totalidad en el envío y la recepción de tareas vía grupos de WhatsApp, siendo, en consecuencia, necesidad para ello contar con un teléfono inteligente con suficiente memoria y datos móviles para la conectividad.

Los docentes crearon grupos con los alumnos, por donde envían las tareas, generalmente en formato pdf. Los jóvenes deben luego transcribir las tareas a sus cuadernos, completarlas y enviar posteriormente una foto de la misma al docente a través del grupo de WhatsApp. El sistema ha permitido llegar a la mayor cantidad de jóvenes posible con el envío de tareas, pero el acompañamiento, seguimiento y, en consecuencia, el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje ha sido limitado, casi nulo. Ello se ve en las evaluaciones de los jóvenes: “En verdad no ayudó mucho las clases virtuales. No ayudan. No aprendemos nada. Es difícil de entender las clases. Sinceramente yo por ejemplo no aprendo nada”, nos relata Sergio, un referente de su comunidad y de la Mesa Infantojuvenil de Limpio, ante esta realidad.

Frente a ello, dos principales preocupaciones se alzan entre los jóvenes. La primera es cómo frenar la deserción escolar que afecta a varios de sus pares quienes, ante la imposibilidad de contar con un teléfono celular o datos para internet, están dejando el colegio. “Todos tenemos el derecho a la educación, y tenemos que encontrar una manera de llegar a todos ellos”, nos dice Arturo.

Por otra parte, la preocupación asimismo es cómo recuperar el año, en tanto consideran que, si bien el proceso formal se está cumpliendo, no están realmente aprendiendo lo que deberían.

El uso de las herramientas tecnológicas para la educación, así como para la participación y la socialización, es una de las fortalezas que los jóvenes destacan de este periodo. Pero sostienen que aún hay mucho camino por andar para lograr que las clases virtuales sean efectivas y realmente sirvan al proceso de aprendizaje. “Las clases virtuales son algo para lo que el Paraguay no estaba preparado”, sostiene otro joven referente.

Sacar al país adelante

La sociedad cambiará luego de esta pandemia, eso es algo que todas las y los jóvenes consideran. En cuanto a la salud, sostienen que se valorará mucho más, y esperan que los buenos hábitos generados en este periodo como el lavado frecuente de manos, se mantengan, con lo cual la tasa de otras enfermedades como la gripe disminuirá.

En términos socioeducativos, consideran que es fundamental dar su lugar a los docentes y a los compañeros, cuya lejanía sienten con fuerza y añoran. “A nosotros por ejemplo nos tocó más porque iba a ser nuestro último año estando juntos porque el año que viene tenemos que empezar la facultad y no nos vamos a poder ver porque vamos a tener que empezar a trabajar para pagar nuestras cuotas. Eso nos tocó bastante porque es nuestro último año y vino la cuarentena”, comenta Valentina.

La política asimismo tendrá un cambio profundo, porque todo lo desatado en este periodo hace ver a cada uno que todos somos parte y debemos cuidar lo nuestro. Pero sin duda, las y los jóvenes sostienen que lo económico será uno de los desafíos más importantes, para el cual no tienen certeza de qué camino tomar, pero sí la claridad de que debe ser abordado a profundidad.

Ante la crisis, las familias en las comunidades organizaron ollas populares, realizaron donaciones, encontraron la forma de ayudarse unas a otras. Esa solidaridad necesitamos ahora a nivel país, para hacer los cambios y sacar al país adelante.

“Ya no se va a dejar pasar la corrupción”

Las medidas asumidas por el gobierno para mitigar la expansión del virus fueron bien evaluadas por los jóvenes, quienes celebraron las acciones del gobierno y sostienen que el pueblo en su mayoría está cumpliendo las medidas sanitarias y que, aunque es difícil, lo hace porque sabe que es para el bien de todas y todos. Pero el accionar del gobierno no está exento de críticas, principalmente en lo relativo al manejo de los fondos públicos y la corrupción.

“Me parece una burla lo que el gobierno está haciendo en contra el pueblo, como robar mascarillas en épocas de pandemia, sacar préstamos y no saber justificar en que se utilizó. La economía del Paraguay está colapsando y el gobierno, en vez de ayudar, empeora todo”, reflexiona críticamente una de las jóvenes de la comunidad. “Algunos gobernantes se están aprovechando de esto para recaudar más plata para sus bolsillos”, sostiene otro joven referente.

Las y los jóvenes tienen la certeza de que toda la ciudadanía debe ejercer el rol de contralor, para frenar el flagelo de la corrupción, la “otra pandemia”. Sostienen que vendrán muchos cambios políticos, porque “durante todo este tiempo del aislamiento y la pandemia, la gente se empezó a dar cuenta que en el Paraguay hay demasiada corrupción, y ya no va a dejar pasar esas cosas tan fácilmente” nos comentan.

Jóvenes adelante, ¡a accionar!

Ante toda esta realidad, las y los jóvenes no se quedan quietos, y proponen una guía de acciones para llevar adelante y aportar al país y sus comunidades en este periodo:

– Concientizar a otros jóvenes difundiendo información confiable de fuentes oficiales en la comunidad y las redes sociales.

– Difundir materiales visuales -flyers- para instar a la comunidad a cumplir los protocolos de seguridad y protección.

– Proponer y crear formas caseras de elaborar desinfectantes e insumos de higiene.

– Enseñar estrategias para contener la ansiedad y el pánico en los entornos.

– Recomendar actividades que las y los jóvenes pueden hacer en la casa.

– Controlar el buen uso de los recursos públicos y la rendición de cuentas en la pandemia.

– Ser todas y todos parte de la solución, hablar con nuestros amigos y familiares para cumplir con las medidas sanitarias, cuidarnos entre todos y salir adelante.


Referencias

Fundación Alda y CCFC. Buenas prácticas de participación protagónica de niñas, niños y adolescentes, Asunción: 2019.

Organización de las Naciones Unidas (ONU). Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, 1989.

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