Detrás de una conducta desafiante, muchas veces hay una necesidad que todavía no encuentra palabras. Una emoción que desborda, una dificultad que no se sabe nombrar, un pedido de ayuda que se expresa como se puede, no como se quisiera. Partiendo de esa idea, docentes, técnicas y técnicos de las 16 escuelas de Mitã Arandu se reunieron el 7 de agosto para una nueva jornada de capacitación, esta vez centrada en el desarrollo socioemocional de niñas y niños.
Durante ocho horas de trabajo, el equipo de profesionales de Vida Che Nendive —integrado por la Lic. Verónica Galeano y la Lic. Belén Marín, con el acompañamiento del equipo de Mitã Arandu— guió a las y los 48 participantes a través de un recorrido que combinó marco teórico, análisis de casos y herramientas concretas para llevar al aula.
Comprender antes de corregir
La jornada partió de una premisa central: la conducta también comunica. Antes de pensar en cómo corregir, se propuso a las y los participantes reconocer qué hay detrás de cada comportamiento: una necesidad insatisfecha, una dificultad de regulación, una forma de pedir ayuda. Sobre esa base, se trabajaron los momentos más críticos dentro del aula —las llegadas, las despedidas, los cambios de actividad, las esperas— y cómo elementos como el ruido, la cantidad de estímulos o la organización del espacio influyen en ellos.
A partir de ahí, se compartieron estrategias concretas para el día a día, como rutinas predecibles, anticipación, consignas claras, apoyos visuales, y formas de organizar el espacio y reducir estímulos que facilitan la regulación emocional de niñas y niños.
Autonomía, emociones propias y trabajo en equipo con las familias
Otro eje importante de la jornada fue la autorregulación, en el que se abarcaron temas como reconocer emociones, aprender a esperar, a elegir, a pedir ayuda, y el rol de la persona adulta como acompañante en ese proceso. Junto con esto, se abordó la importancia de promover la independencia de niñas y niños en su desarrollo cotidiano.
La jornada dedicó también un espacio a pensar la alianza entre familia y escuela, entendida como corresponsabilidad, y cómo comunicarse desde las fortalezas, construir acuerdos y metas compartidas, así como sostener estrategias similares en ambos espacios para que el acompañamiento sea consistente. Como cierre, se trabajó sobre cuándo y cómo activar la red de apoyo comunitaria ante situaciones que requieren una intervención más integral.
Un espacio de intercambio y crecimiento
Acompañar las emociones también es educar. Y ese acompañamiento se fortalece cuando escuela, familia y comunidad trabajan juntas para crear entornos donde niñas y niños puedan crecer, aprender y sentirse acompañadas y acompañados.
Este espacio forma parte de Mitã Arandu, un proyecto de Children Believe Paraguay, en alianza con ChorogUsan for Children y con el financiamiento de Koica, en asocio con Fundación Alda y en articulación con el Ministerio de Educación y Ciencias.