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Primera infancia: la base que sostiene todo lo demás

«Se suele hablar de esto, pero nunca está de más insistir en esa importancia en la educación al comienzo de la vida estudiantil, ¿no?». Así arrancó, el jueves 13 de agosto, la conversación en Radio 1.° de Marzo con Carla Fernández —psicóloga, neurobióloga, doctora en Psicología Cognitiva y Ciencia del Lenguaje—, en el marco de las acciones de incidencia del proyecto Mitã Arandu. Lo que quedó de esa charla es, en buena parte, un mapa de por qué la primera infancia debería estar en el centro de la agenda pública paraguaya.

Lo que se juega el cerebro entre los 0 y los 8 años

Fernández fue directa desde el inicio: es en ese tramo —del nacimiento hasta, aproximadamente, los 8 años— donde el cerebro forma más conexiones neuronales que en cualquier otro momento de la vida. Ahí se estimula el lenguaje, el desarrollo emocional, la base sobre la que se construirá todo lo demás.

Uno de los conductores preguntó, casi con resignación, si una mala orientación en esos años es irreversible. La respuesta de Fernández matizó la idea sin restar peso al argumento: «el cerebro, por suerte, tiene algo que es la plasticidad, entonces siempre hay cosas que se pueden mejorar». Pero eso no cambia lo esencial: los países que más invierten en primera infancia son, sistemáticamente, los más desarrollados.

Los números que Paraguay no puede seguir postergando

La entrevista puso cifras sobre la mesa. Según explicó Fernández, países como Noruega y Finlandia recuperan, por cada dólar invertido en primera infancia, entre cuatro y trece dólares en producción económica y bienestar social a futuro. No es un retorno inmediato —ella misma lo aclaró—: «no tendrá un retorno económico demasiado rápido, pero en el futuro uno ve los resultados», algo que los estudios longitudinales confirman una y otra vez.

La especialista acotó que, en términos de inversión, esos mismos países destinan cerca del 1,5 % de su PIB a la primera infancia; el promedio regional en Latinoamérica ronda el 0,8 %, mientras que Paraguay, según los datos más recientes, invierte apenas 0,3 %: estamos entre los países con menor inversión en la región.

Una ventaja propia: el bilingüismo como gimnasia mental

Uno de los aportes más interesantes de la entrevista fue un punto que rara vez aparece en el debate educativo paraguayo. Consultada sobre el vínculo entre nutrición infantil y desarrollo cerebral, Fernández explicó que la desnutrición sí produce daños medibles a nivel neuronal. Pero agregó algo que conecta directamente con la identidad del país: «el bilingüismo que tenemos, con el español y el guaraní, es como hacer una gimnasia mental», y hay estudios que muestran que ese ejercicio cognitivo puede mermar el impacto de esos daños en poblaciones bilingües como la paraguaya, mencionó. Una ventaja que ya tenemos instalada culturalmente, y que la política educativa todavía no termina de aprovechar como herramienta de desarrollo.

Estimular desde el primer día

Fernández fue enfática en que los estímulos tempranos —leerle a un bebé, ponerle música, hablarle— importan incluso cuando la niña o el niño todavía no entiende el contenido. Leerle o hacerle escuchar una canción a un bebé de pocos meses, dijo, «significa un estímulo, un avance dentro de su formación cerebral», porque es ahí donde empiezan a asociar sonidos, movimientos de labios y palabras con el mundo que los rodea. Cuanto antes, mejor.

Oportunidades que están sucediendo ahora

Consultada sobre el panorama actual, Fernández se mostró cautelosamente optimista: «me gusta ver las cosas con ojos positivos […] creo que Paraguay sí está dando ciertos pasos». Mencionó proyectos como Mitã Arandu, las iniciativas de estimulación del lenguaje que el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) viene implementando en kinder y preescolar, y el programa Semillas para el Futuro, impulsado desde la Oficina de la Primera Dama.

La deuda pendiente: formar a quienes forman

Si hay un tema que atravesó buena parte de la entrevista, es la formación docente. Para Fernández, las y los docentes que trabajan en primera infancia deberían tener un nivel de especialización más alto que quienes enseñan en Educación Básica o Media, y hoy ese estándar todavía no se alcanza en los institutos de formación docente del país. Lo dijo sin rodeos: «esa es nuestra siguiente gran deuda como país: la formación docente».

A eso se suma una escasez de profesionales especializados en el área. Fernández explicó que en Paraguay hay profesionales en Psicología y Neuropsicología, pero pocos dedicados específicamente a la investigación en adquisición del lenguaje y desarrollo cognitivo en la primera infancia. La brecha, según agregó, se agrava en el sector público, donde la falta de rubros y de presupuesto limita la disponibilidad de estos especialistas justo donde más se los necesita.

Lectoescritura: una alerta que sigue vigente

La conversación también abordó un dato que resuena en cualquier diagnóstico educativo del país: según la última evaluación PISA, siete de cada diez personas en Paraguay no comprenden lo que leen. Fernández mencionó el programa Ñe’ẽry del MEC, implementado en su primer año entre 2024 y 2025 en todos los niveles, desde jardín hasta sexto grado, del que todavía se esperan resultados de las pruebas regionales e internacionales para medir su impacto real.

Sobre Mitã Arandu y otras iniciativas

Consultada puntualmente sobre el proyecto, Fernández subrayó lo que, para ella, distingue a los proyectos que realmente valen la pena: la articulación con el MEC y con las comunidades, para que el impacto no se termine cuando termina el proyecto, sino que deje, en sus palabras, capacidad instalada.

Por qué seguir invirtiendo

Esa idea —la de dejar capacidad instalada, no solo resultados temporales— resume bien por qué la primera infancia no puede tratarse como una agenda de corto plazo. La evidencia que compartió Fernández en la entrevista, sumada a lo que ella misma ha planteado en sus escritos sobre política educativa, apunta siempre en la misma dirección: lo que un país invierte en sus primeros años no es un gasto que compite con otras prioridades; es la base sobre la que se sostienen todas las demás. Menos repitencia escolar, mejor comprensión lectora, más empleabilidad futura, menos gasto en salud y protección social años después.

Desde Mitã Arandu, en las comunidades de Abaí y San Juan Nepomuceno, en Caazapá, esto se ve de cerca: en una niña que empieza a nombrar lo que ve, en una docente que se forma para acompañar mejor, en una familia que descubre que puede estimular el desarrollo de su hijo con lo que tiene a mano. Paraguay todavía invierte menos de lo que necesita, pero tiene algo a favor: la posibilidad de construir un sistema desde la evidencia disponible, sin arrastrar estructuras viejas, y con proyectos y comunidades que ya están caminando en esa dirección.

La primera infancia no espera. Y como bien lo resume esta conversación, la oportunidad de empezar por el principio está ahí, esperando que se decida sostenerla con más que buenas intenciones.

Mitã Arandu es un proyecto de Children Believe Paraguay en alianza con ChorogUsan for Children y financiado por Koica, en asocio con Fundación Alda y en articulación con el Ministerio de Educación y Ciencias.

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