En un mismo grado, una niña lee de corrido y un niño todavía está descubriendo cómo se juntan las sílabas. Ella resuelve problemas con fracciones; él aún no asocia los números con una operación. Cuando la clase avanza al ritmo del grado, quienes quedaron atrás rara vez alcanzan al resto. Los Espacios de Recuperación de los Aprendizajes (ERA) parten de una idea sencilla: para recuperar lo que no se aprendió, primero hay que saber qué necesita aprender cada estudiante.
Cuando los vacíos se acumulan
Un aprendizaje que no se consolida a tiempo no desaparece: se vuelve el obstáculo del siguiente. Quien no logra leer con soltura en los primeros años encuentra después más difícil casi todo lo demás y, con este tipo de vacíos, llega la desmotivación.
Los resultados de PISA 2025 muestran la dimensión del desafío: solo el 24 % de los estudiantes paraguayos de 15 años alcanzó al menos el nivel 2 de competencia lectora, frente al 34 % de 2022, y en Matemática el promedio se mantuvo prácticamente igual al de 2022, por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
¿Recuperar es repetir?
La respuesta más intuitiva es repasar: dedicar más tiempo a lo mismo. Pero si una niña no aprendió a leer con una forma de enseñar, repetir esa forma rara vez cambia el resultado. Recuperar aprendizajes implica volver al punto exacto donde algo se cortó y reconstruir desde ahí, y eso exige antes averiguar qué sabe cada estudiante, qué todavía no y cuál es el siguiente paso posible.
Esa es la lógica de ERA, una estrategia del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), elaborada junto con Unicef y aprobada por la Resolución MEC n.° 722/2023, en el marco de la Ley de Educación Inclusiva. Está dirigida a niñas, niños y adolescentes de 6 a 14 años que necesitan recuperar aprendizajes de comunicación y matemática, las competencias sobre las que se apoya todo lo demás.
Cómo funciona un ERA
Empieza con una evaluación diagnóstica que ubica a cada estudiante en uno de cuatro niveles, tanto en lectoescritura (Comunicación) como en Matemática. En escritura, el recorrido va desde la etapa presilábica hasta la producción de párrafos; en Matemática, desde reconocer números hasta operar con racionales. Con esos resultados, se arman grupos por nivel y no por grado, y se trabaja en módulos de 20 a 22 sesiones de 60 minutos, dos por semana en cada área. Cada sesión cierra con una evaluación de proceso que permite ajustar la enseñanza, y cada nivel, con una evaluación final: quien alcanza los indicadores pasa al siguiente y recibe una constancia que reconoce su avance.
Es muy importante mencionar que ERA no reemplaza la clase regular: niñas y niños siguen cursando el grado que les corresponde por edad, y el espacio funciona como refuerzo focalizado. Se apoya en el Diseño Universal de Aprendizaje y en la Enseñanza en el Nivel Adecuado, es decir, la o el docente enseña según el nivel real de cada estudiante y varía materiales, tiempos y formas de presentar el contenido, para que todas y todos encuentren una manera de llegar. Las familias, además, participan de reuniones mensuales sobre el avance de las niñas y los niños.
Cómo participa Fundación Alda
Colaboramos en la revisión de la estrategia y hoy somos la organización de apoyo responsable de implementar ERA en Concepción, en el marco del proyecto «Fortalecimiento del Acceso y los Aprendizajes Básicos» (FAAB), que Unicef implementa en alianza con el MEC. Hasta ahora, 15 facilitadores y facilitadoras visitaron 151 instituciones educativas de siete distritos, donde estudian 10 132 niñas, niños y adolescentes, para conocer las características y necesidades de cada comunidad. En 102 de esas instituciones se evaluó a 4333 estudiantes en Comunicación y a 4110 en Matemática, de modo que el acompañamiento parta de lo que cada escuela realmente necesita. Y más de 200 docentes, directores y técnicos de supervisión participaron de cinco jornadas de capacitación sobre la estrategia.
Los mismos principios orientan otros proyectos. En «Alda Educa con Fundación Itaú» acompañamos a docentes que trabajan con más de 120 estudiantes, adaptando las actividades de lectoescritura a lo que cada grupo necesita. En «Educando con Raíces» realizamos jornadas de acompañamiento en espacios de lectoescritura por niveles en 16 instituciones, y acompañamientos docentes en aulas. Y en «Construyendo Futuros» acompañamos a docentes para mejorar la lectura y la escritura por niveles.
Lo que vemos en las aulas
Durante los acompañamientos de este año, nuestro equipo observó que en los espacios de lectoescritura por niveles, algunos grupos necesitan más tiempo y los docentes vuelven sobre una actividad o ajustan una sesión, mientras otros avanzan más rápido. No buscamos que todos recorran el mismo camino, sino que todos puedan avanzar. Y niñas y niños esperaban «el día de niveles»: empezaban a experimentar algo fundamental para seguir aprendiendo, sentirse capaces.
La primera cosa que esto nos enseña es que el diagnóstico cambia la conversación: cuando una escuela sabe en qué nivel está cada estudiante, deja de hablar de quienes «no pueden» y empieza a hablar de quienes todavía no llegaron a determinado paso, un problema mucho más concreto y abordable. La segunda es que la diferencia la hace quien está frente al grupo. Una guía y un cuadernillo ayudan, pero no resuelven el problema, por eso acompañamos a docentes dentro de sus escuelas, con capacitación y también en el aula.
Por qué importa
Recuperar a tiempo es una forma de decirle a cada niña y a cada niño que su ritmo importa y que llegar un poco más tarde no significa quedarse afuera. ¿Qué pasa cuando una escuela deja de enseñar a todos de la misma manera? Si el punto de partida es lo que cada estudiante necesita, no pierde exigencia, y, al contrario, gana la posibilidad de que nadie se quede atrás.
En Fundación Alda seguimos apostando por una educación que parte de cada estudiante para transformar vidas.