Las niñas y los niños construyen, en sus primeros años de vida, hasta un millón de conexiones neuronales por segundo. Esa velocidad no vuelve a repetirse nunca más. Y allí está, según Melisa Cañete, la decisión que Paraguay debe tomar: invertir mientras esa ventana está abierta, o esperar y pagar mucho más caro para tratar de repararla después. Cañete —internacionalista y magíster en Investigación y Cambio Educativo— habló de esto el viernes 28 de agosto con Luis Trochi y Nahuel Ayala en Radio La Tribu 650 AM, en el marco de las acciones de incidencia del proyecto Mitã Arandu.
Un millón de conexiones por segundo
Cañete definió la primera infancia como la etapa durante los primeros años de vida, la más veloz de todo el desarrollo humano. En ese tramo, mencionó, se forma aproximadamente el 80 % de las conexiones neuronales de una persona. Contaba además que la mayor parte de la energía que un bebé obtiene de su alimentación se destina, en esos primeros años, a construir su cerebro. Todo lo que viene después —la niñez, la juventud, la adultez— se levanta sobre esa base.
Ese trabajo, explicó, después se traduce en cosas concretas para la vida: el desempeño escolar, la salud, la capacidad de regular las emociones. Como ejemplo, mencionó que un niño con más acompañamiento en su vocabulario, con más exposición a las palabras desde pequeño, desarrolla una calidad de lenguaje que ya a los 9 años permite predecir si va a poder comprender lo que lee, o si solo va a poder decodificar las palabras sin entender del todo lo que dicen.
La brecha que cuesta más cerrar
Consultada acerca de si la desnutrición en los primeros años deja un daño irreversible, Cañete no lo simplificó. «No es una sentencia», dijo, pero añadió que sí determina mucho la calidad de esas conexiones que se están formando. Un niño puede seguir desarrollándose después, pero cuesta más tiempo y más recursos llegar a donde se esperaría para su edad. También agregó que no atender la primera infancia a tiempo no significa que un niño pierde la oportunidad para siempre, sino que la brecha que hay que cerrar después se vuelve más difícil, más cara, y termina llegando a menos niñas y niños.
Por qué esa inversión rinde más que ninguna otra
Aquí aparece, otra vez, la disyuntiva del título. Cañete fue clara: cada dólar invertido en primera infancia se multiplica, y ese retorno supera al de cualquier otra etapa educativa. La explicación tiene que ver con la lógica del aprendizaje acumulativo: invertir temprano anticipa problemas antes de que aparezcan. Invertir tarde, en cambio, funciona como reparación, pues se intenta enderezar trayectorias que no iniciaron de la mejor manera, y eso, según la evidencia que citó, casi siempre cuesta más y rinde menos.
Una persona adulta disponible
«Hablarles a los niños, el conversar, el preguntar, es la intervención más poderosa que se puede hacer en la primera infancia», mencionó Cañete al ser consultada sobre el rol de las familias frente al de las instituciones formales.
Detrás de eso, agregó, tiene que haber un adulto disponible —una familia, cuidadores, una comunidad— sostenido a su vez por un sistema que funcione: centros de salud cercanos, escuelas cercanas, una comunidad que arme estructura alrededor de esos primeros años. Para ella, esto no es responsabilidad de un sector aislado: «tiene que ser un deber de todos que esa primera infancia pueda desarrollarse integralmente».
Por qué seguir invirtiendo
Esta conversación se suma a la que tuvimos semanas atrás con Carla Fernández, dentro de la misma campaña de incidencia. Entre ambas entrevistas queda el patrón de que la evidencia sobre la primera infancia no es nueva ni es ambigua, y lo que hace falta es sostener la inversión el tiempo suficiente como para que esos primeros años de vida se atiendan con la debida relevancia.
Cada dólar que se invierte en una niña o un niño no se ve reflejado ese mismo año. Se ve diez años después, en menos repitencia; se ve más adelante, en más empleo, en mejor salud, en menos gasto público en reparar lo que se pudo haber prevenido. Cañete lo resumió al cerrar la entrevista: la primera infancia no determina solamente el éxito académico o la productividad futura de una persona; determina, sobre todo, qué tipo de ciudadanas y ciudadanos vamos a tener.
Mitã Arandu es un proyecto de Children Believe Paraguay en alianza con ChorogUsan for Children y financiado por Koica, en asocio con Fundación Alda y en articulación con el Ministerio de Educación y Ciencias.
