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Sembrando salud y futuro en comunidades de Limpio

Hay lugares donde cambiar un hábito tan simple como lavarse las manos puede significar el inicio de una transformación profunda. En Aguapey, una comunidad de Limpio, niñas y niños llegaban a la Unidad de Salud de la Familia (USF) con las uñas llenas de tierra, problemas de nutrición, caries y muchas veces sin acceso a controles básicos de salud. Algunas madres adolescentes tenían miedo incluso de bañar a sus recién nacidos. El futuro parecía reducirse apenas a sobrevivir el día siguiente.

Pero hace más de una década, algo comenzó a cambiar.

Una alianza construida desde la comunidad 

Lo que empezó con pequeñas charlas, recipientes improvisados para enseñar a lavarse las manos y pedacitos de jabón cortados por el equipo de salud, se convirtió con el tiempo en una alianza que hoy transforma vidas. Desde el 2012, la Unidad de Salud de la Familia Aguapey, el Programa Limpio Sur y las propias familias de la comunidad fueron construyendo juntos un espacio de cuidado, aprendizaje y esperanza.

La doctora Karina Arzamendia, responsable de la unidad, recuerda cómo eran aquellos primeros encuentros: actividades realizadas en capillas, canchitas o casas prestadas porque no existía un lugar adecuado para reunirse. «Los niños siempre venían con las manos sucias, las uñas sucias, y empezamos con un taller simple de lavado de manos», cuenta. Con muy pocos recursos, el personal de salud enseñaba a las familias cómo cuidar la higiene de sus hijas e hijos. Más adelante, con el apoyo del Programa Limpio Sur, llegaron materiales, juegos didácticos, mesas, sillitas y nuevos espacios para fortalecer el trabajo comunitario.

Espacios de cuidado, aprendizaje y acompañamiento 

Hoy, cada mes, alrededor de 50 familias participan en el Club de Madres y el Club de Niñas y Niños impulsados en conjunto por la USF y el Programa. Allí se realizan controles de peso y talla, seguimiento nutricional, vacunación, actividades de estimulación temprana, cuentacuentos, talleres sobre lactancia materna, crianza respetuosa, higiene y salud bucodental.

También participan ocasionalmente las «maestras mochileras» del Ministerio de Educación y Ciencias, acercando oportunidades educativas a niñas y niños que aún no están escolarizados.

Lo más importante es que las familias empezaron a acercarse.

La confianza como primer paso hacia el cambio

La licenciada Ruth Domínguez recuerda especialmente el caso de una familia que, en un principio, rechazaba cualquier acercamiento del equipo de salud. «Incluso nos persiguió con machete», relata sobre el padre de unos niños a quienes buscaban para realizar controles básicos.

Sin embargo, con el tiempo, uno de sus hijos ingresó al programa nutricional del Ministerio de Salud y la situación comenzó a cambiar. La familia empezó a asistir a la unidad de salud, a participar de las actividades y a confiar en el equipo. Hoy forman parte activa del grupo comunitario y mantienen sus controles médicos y vacunaciones al día.

Historias como esa muestran que el cambio no ocurre solamente en los indicadores de salud. Ocurre también en los vínculos, en la confianza y en la manera en que las familias empiezan a verse a sí mismas.

Cuando las niñas y los niños también enseñan 

La doctora Karina recuerda con emoción cómo las niñas y los niños comenzaron a mostrar orgullosos sus manos limpias o sus dientes cepillados cuando se encontraban con el equipo en la comunidad. «Finalmente, los niños también educan a sus padres», asegura.

En una zona donde muchas familias enfrentan limitaciones económicas, dificultades de acceso a servicios especializados y pocas oportunidades, estas acciones representan mucho más que talleres o controles médicos. Representan escucha, acompañamiento y dignidad.

Un «granito de arena» que fortalece al sistema

En el 2025, el Programa Limpio Sur trabajó con cinco unidades de salud de la familia y alcanzó mensualmente a entre 120 y 150 niñas y niños junto a sus madres y cuidadores. Lo hizo fortaleciendo el trabajo del sistema público de salud y generando alianzas que permitieron ampliar el impacto en las comunidades.

Para quienes acompañan el Programa desde Canadá y Taiwán, el agradecimiento de las familias y del personal de salud es profundo. Porque detrás de cada mesa pequeña, cada cuento leído, cada cepillo de dientes entregado o cada charla comunitaria, hay niñas y niños que hoy crecen más sanos, más acompañados y con mayores oportunidades.

Y porque, como resume la doctora Karina Arzamendia, «este granito de arena del Programa Limpio Sur para nosotros es mucho, pero para niñas, niños y adolescentes de las comunidades es todo».

El Programa de Desarrollo Comunitario centrado en la Niñez de Limpio Sur es una iniciativa de Children Believe Paraguay, implementada en alianza con Fundación Alda, con el apoyo del Fondo de Taiwán para la Niñez y las Familias (TFCF).

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